Dejé de jugar Pokémon Go y no me arrepiento

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A estas alturas, prácticamente todo aquel que tiene acceso a un teléfono móvil e internet sabe de qué va o qué es Pokémon Go. Con algunas aproximaciones o intuiciones que bien pueden o no ser erradas, la euforia que este juego despertó en el mundo ha provocado un impacto de escala histórica, pues su ya celebrado logro de ser una de las apps con mayores descargas y uso, por encima de Tinder y Twitter, le da un aire a Nintendo y a su sistema económico, sin mencionar que este lanzamiento fue “la cereza del pastel” en el vigésimo aniversario de Pikachu y compañía.

Podríamos decir que las expectativas que Pokémon Go levantó en el mundo fueron cumplidas, todos los que somos fans de la franquicia desde hace veinte años, hasta los que se han encariñado en las últimas semanas con estos monstruos, salimos a la calle en busca de las primeras 150 criaturas que podemos atrapar (restando claro a los Pokémon legendarios). Todo parece ir bien, al igual que en las entregas originales podemos escoger un amigo de viaje inicial, ya sea de fuego, agua o planta, y surcar nuestro contexto por medio del GPS y la aplicación, hacernos parte de un equipo, desafiar gimnasios y convertirnos en sus líderes, etc., etc. Todo muy genial hasta aquí.

La nostalgia puede ser una buena moneda de cambio, a la par de la moda y la euforia social que inunda nuestro tiempo y contexto en que nos desarrollamos, es entonces que me pregunto, en mi caso desde luego, ¿cuánta nostalgia, euforia y moda vale el hecho de que yo pueda utilizar Pokémon Go? Por supuesto que esta pregunta va con maña, porque si bien la aplicación no tiene propiamente un costo para su instalación, la economía inherente y circundante al juego sí; se me ocurre apuntar la compra de dinero ficticio para gastarlo en productos del mismo juego, también pienso en el costo de datos móviles que representa esta práctica, otro gasto, que propiamente no tiene que ver con la economía per se pero sí con la vida del aparato que lo reproduce, es el de la batería del celular y el mantenimiento que damos a este, o bien el costo abstracto de dejar cosas que hacía como leer, o escuchar música, o simplemente vagar.

Estos son algunos costos que puedo mencionar sin la necesidad de profundizar mucho. ¿Pero qué otros costos hay?, por ejemplo los datos que abiertamente ofrecemos a la empresa desarrolladora de este juego, Niantic, quienes parece ser tienen en sus manos nuestra información personal, no solo una información inocente como qué Pokémon tengo, sino cuáles han sido mis ubicaciones, trayectos, paradas en las que me he encontrado; el uso de la geolocalización no solo puede analizar los datos a un nivel micro, sino que su verdadera explotación se produce a un nivel macro; anteriormente en el cosmógrafo ya hemos hablado del estado de la vigilancia empresarial geolocalizada por medio de geovallas (Geofencing), donde la publicidad y la teledirección de mensajes son claros y sectorizados. Las prácticas del tracking y estudios de mercado hacen uso de esta información que es muy valiosa, es parte del costo que representa este tipo de aplicaciones.

El desarrollo tecnológico que Pokémon Go presenta es justificado por argumentos como cuidar la salud al caminar, o la relación que haces con otras personas, además Niantic ha acertado en el uso de la Realidad Aumentada que proporcionan al juego. No niego que estas sean virtudes que no deban reconocerse, ¿pero a costa de qué va ese reconocimiento? ¿Estoy dispuesto a seguir fomentando granjas de datos, que mis datos sean almacenados para su explotación, que una empresa sepa “santo y seña” de mis movimientos solo porque no tengo mi pokedex completa? No gracias.

Creo que mi melancolía hacia esta franquicia no es tanta como para dejar de leer en los transportes, pasear tranquilamente (porque vagabundear tiene un sentido muy singular), gastar menos en planes de datos, cuidar mi privacidad en la medida de lo posible. Con este texto no quiero ni pretendo aleccionar, me parece que la información está disponible al buscarla y mucho se ha dicho de este tema. Es el usuario quien, como siempre, tiene que decidir sus prioridades sobre todas las cosas. Como última pregunta, ¿vale la pena ir por cualquier lugar con la cabeza abajo mirando el celular y esperando a que salgan criaturas que no existen?


IMG 1: Derechos en Dominio Público.

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