Geo-Fencing y telefonía móvil: un campo de pelea política

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Ahora mismo la práctica de la vigilancia es un tema que puede ser abordado desde diferentes perspectivas, pues ésta es ejercida por aquellos que cuentan con las herramientas y capacidades técnicas para llevarla a cabo (desde el stalker hasta el delincuente). Cuando hablamos de vigilancia normalmente interpelamos a un Estado o gobierno, que mediados por empresas y tecnología observan a actores incómodos de la sociedad civil. Y ciertamente este es un tipo de vigilancia que involucra cuestiones políticas directas, sin embargo no es la única.

Rewired publicó recientemente un artículo que explica cómo grupos conservadores que están en contra del aborto contrataron los servicios de la empresa Copley Advertising, una compañía que envía publicidad utilizando la localización y el ID de los dispositivos móviles por medio de una tecnología conocida como Geo-Fencing (cerca geográfica). Esta publicidad tiene una metodología sencilla: enviar anuncios a los teléfonos celulares que hayan visitado determinado punto geográfico donde esté operando el Geo-Fencing. Al recabar la ubicación y el ID del teléfono móvil se puede determinan sexo, edad y comportamiento, para así lanzar la publicidad efectiva, como promociones, lugares de interés, etcétera.

Los grupos conservadores que contrataron a Copley Adversiting utilizaron el Geo-Fencig en clínicas de aborto de Nueva York, Pittsburgh, Pennsylvania, entre otras ciudades, para clasificar a las personas con base en los estudios de mercado previos y poder enviarles mensajes “de buena conciencia” y pro-vida. Esto se suma a las manifestaciones de los grupos antiaborto que se plantan afuera de las clínicas para reclamar a las mujeres que han tomado la decisión de efectuarlo, pues además, estas organizaciones ya son capaces de contar con el ID y el acceso a publicidad del Smartphone de quien visite estos consultorios y clínicas, vulnerando directamente su privacidad y creando un estado de vigilancia.

Ejemplo de publicidad enviada a personas que visitan clínicas

Este ejemplo aborda las diferentes magnitudes de la vigilancia, pues ya no es solamente una publicidad dirigida por tracking, sino que estamos ante un uso multivalente para focalizar grupos geográficamente y así encausar diferentes mensajes que pueden ir desde la ads de productos hasta el acoso. La cosecha de metadatos por Geo-Fencing es tan poderosa que podría determinar, por ejemplo, qué personas estuvieron en una manifestación, en un mitin político, en un evento social, cultural o festivo; y con base en estas actividades tener un amplio estudio basado en los datos arrojados por los ID’s de los teléfonos inteligentes.

Otra situación alternativa al Geo-Fencing, más no por ello menos efectiva, es la creación de APPs que buscan crear cosechas de metadatos basados en las afinidades a ciertas causas. El ejemplo perfecto es la aplicación móvil creada por el equipo de campaña de Ted Cruz (excontendiente a la candidatura presidencial por el Partido Republicano de EEUU), cuyo fin era cosechar absolutamente toda la información de Facebook de quien hiciera uso de esta APP y de sus contactos, sin embargo la cosa no queda ahí, sino que adicionalmente, si algún contacto no contaba con Facebook se obtenía su número y email.

Todo lo anterior significa un gran problema, pues estas prácticas, tal parece ser, se encuentran lejos de ser reguladas, o siquiera discutidas, en marcos legales. Es una puerta a la opacidad y la incertidumbre.

La solución, como en la mayoría de este tipo de cuestiones, es principalmente en el control que tengamos sobre el uso consiente de la tecnología. Evitar la descarga de aplicaciones con publicidad y mantener apagado el GPS no resulta una medida efectiva frente al Geo-Fencing, pues se han señalado distintas formas de intervención a los teléfonos móviles que recaban información personal y sensible; para el caso de las APPs que cosechan datos por medio de logueo a redes sociales una precaución es justo esa, evitar loguearse y/o descargarla. Sin embargo la pregunta es ¿estas medidas son suficientes?, y otra cuestión aún más inquietante: ¿cómo operarán todas estas estrategias en nuestros contextos inmediatos?

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